viernes, 19 de diciembre de 2008

Asesinatos por carácter transitivo

La cena ya estaba fría e intragable.
Un par de huevos revueltos y embutidos de cerdo, no son demasiado apetecibles en ese estado. Tampoco la copa de vino rancio me empuja a beberla. Definitivamente será otra noche más sin comer. Y el hambre me está matando.
El cuarto en penumbras apenas disimula el desorden, con la falta de limpieza al tono. Pero, bueno...qué coño!!!, así nos gusta, en definitiva.
De ese modo jamás nos faltara la compañía de alimañas y la más variada gama de bacterias, que puedan llegar a desarrollarse en este ambiente, tanto o mas hostil para nosotros, los bípedos mamíferos mortales, como para ellas mismas.
Completan el cuadro, la música de Colé Porter, con arreglos de la Real Filarmónica Citadina de bullicios, sirenas y estampidos varios.
Ron, no quedó. Tampoco cigarrillos.
Quizá podría jugar un rato ruleta rusa, de no ser que ni balas me quedan. En fin, de no ser por mi gran autoestima, diría que mi vida hoy por hoy, es un tanto patética.
El espejo del baño se apiada de mí, apenas dejándome ver entre los restos de sarro, una cara que casi no reconozco, detrás de una barba de días, unos ojos oscuros y los primeros síntomas de años en progreso.
De aburrido es que decido bañarme y, al decir de Rita, la condescendiente vecina esposa del casero,” debería de aburrirme mas seguido”. Algún dia entenderé a que se refiere con eso.
El timbrar del móvil, me despierta del letargo y salto de la bañera a atender, a esa altura convertido en una masa gelatinosa, blanquecina y arrugada.
La voz detrás del auricular me regresa rápidamente a la realidad. Es definitivamente otro buen dia.
El, últimamente, ya rutinario asesinato nuestro de cada día.
Mismo modus operandi. La amputación de la hipófisis como souvenir. Mismos destinatarios.
A esta altura, nada nuevo que pueda dar pistas de los causantes. Obvios motivos, al menos eso parece. Ninguna evidencia.
De nada sirven mis argumentos para evitar tener que llegar hasta la escena del crimen.
La intimación a concurrir al la sangrienta festividad, se niega a entender que, de requerir prontitud, deberán de recibirme en obscenas exhibiciones o en pijamas de muy mal gusto, que de conocerlos es mas que obvio, aceptarían con agrado las desnúdeces.
Y la hambruna sigue matándome.
El gentío me bloquea al llegar.
Es característica en este asesino, dar a publicidad su obra.
Un escalofrió me recorre la nuca al pensar lo que podría llegar a haber pasado, si la prensa y toda esa muchedumbre, llegase a verme llegar en uno de mis lúgubres pijamas.
Bueno, que joder!!!..., después de todo uno tiene una imagen que cuidar.
El color magenta domina las cercanías. Como si un pintor loco hubiese rociado sus pastas en un arrebato de ira a falta de inspiración creadora.
Hace ya varios meses que estos asesinatos de tinte ritual, comenzaron a desarrollarse, con una serie de generalidades seriales.
Absolutamente todos los asesinados eran personas detestadas por sus actividades delictivas o explotadoras. La peor de las calañas.
Pedófilos, traficantes de blancas, órganos, droga. Empresarios usureros, corruptos e inescrupulosos. Integrantes de pandillas de cobardes que imponen miedo en grupo. Estafadores de pobres. Proxenetas.
En fin, toda una variada gama de las peores miserias humanas, apareciendo desguazados, noche por medio, con una serie de inscripciones a modo de amenaza, en las pocas partes enteras que él, o los asesinos, obviamente dejaban intactas, a fin de comunicar sus intenciones.
“Escapen malditos; vamos, o, voy por ustedes; serán exterminados uno a uno”; etc..., esculpidas a bisturí, eran parte del glosario de frases no exentas de poesía.
Comienzo la rutinaria documentación fotográfica. Las unidades forenses y científicas, hurgan los posibles, y seguros inexistentes, detalles. A esta altura, ya estamos casi convencidos que nada se podrá encontrar. En tantos hechos, ningún indicio.
De no ser que la presión política es asfixiante, casi como que acataríamos los deseos de la opinión pública y dejaríamos las investigaciones.
Al fin de cuentas, alguien está limpiando la basura.
Pero tampoco es ilógico el temor de los “jefes”, varios de ellos son parte de los “ajusticiados”.
Ningún grupo religioso, extremista mesiánico o brigada parapolicial, se atribuye las ejecuciones. Absolutamente nada.
Cercados todos los caminos, no queda más que esperar se cometa un error que no llega.
Ya en Unidad, paso lo que queda de la noche y resto del día, rebelando las fotos, buscando posibles detalles, y documentando el inútil informe.
Finalmente, luego de un rápido vistazo a el resto de los estudios y conclusiones, de forenses y policía científica, cero vestigio; archivo el legajo personalizado del caso.
Cada legajo, y suman ya decenas, contienen el resto de la investigación sobre posibles motivos, seguimientos de sospechosos, venganzas o deudas. Todo evaluado. Todo releído en búsqueda de cabos sueltos. Cientos de páginas de la investigación, sin un miserable rastro.
Ya casi anochece, cuando emprendo el regreso, agotado y con el estomago estrangulando mis entrañas.
El tren me deposita a metros de mi cubil y desando la distancia faltante a largos pasos.
La despensa me invita a recoger un Cabernet Sauvignon y unos cortes de pan francés.
Con la llave en la cerradura, inhalo profundamente torciendo el cuello levemente hacia arriba. Una luna en cuarto menguante, viene a mi encuentro, cómplice, espiándome detrás de oscuros alto cúmulos. Una leve brisa fresca me abraza, casi como una señal de apoyo y aprobación.
Seguramente tengo, uno o dos días para el próximo caso, y por lo tanto, poco tiempo para prepararme.
Mientras vuelan por los aires, sobretodo y zapatos, voy juntando las marmitas desparramadas por la casa,
apurando el paso amenazado por la hambruna.
A fuego lento, condimento el potaje de restos de verduras y legumbres, que pude recuperar, escondidos entre alacenas y cientos de embases vacíos dentro de la heladera. Mientras, prolijo y cadencioso, voy afilando el pequeño cuchillo de trozar.
Parece mentira que el aroma que despide comience a recuperar mis fuerzas y ánimos.
Acomodo la mesa, con una inesperada prolijidad. Sería una falta grave de respeto no honrar tamaño despliegue culinario.
Por ojos, y por aroma, responden mis papilas.
Una vez sentado, el relax me invade, y por fin, en buena hora, puedo comenzar a disfrutar de la mejor de mis preparaciones.
Un verdadero manjar digno de conspicuos notables, a todas pruebas.., un adictivo guiso de glándula hipófisis.

sábado, 6 de diciembre de 2008

SIN FINAL ( HISTORIA DE DOS PERSONAS )

PROLOGO
El amor en crisis.
Las crisis por amor.
El amor en tiempos de crisis.
La historia que desarrollo no es diferente a la de cualquiera y cada uno de nosotros. Conflictos que determinan distanciamientos por tiempos o definitivos.
En un menor o mayor grado de responsabilidad, somos los únicos dueños de nuestros destinos, venturas y miserias. Y por lo tanto, únicos causantes del sufrimiento propio y ajeno.
Errores de interpretación, falta de comunicación sincera y comprometida, egoísmos, inseguridades. Complejos, dudas fuera de criterios, miedo, reproches, individualidades, malos tratos, presiones y auto engaños.
Nada nuevo en esta historia, eso sí, potenciada por esta nueva economía de mercado que subliminalmente propone el individualismo a ultranza e imágenes del éxito a fin de vender aún más.
Los protagonistas de esta historia perdieron la oportunidad de ser felices compartiendo, dividiendo dificultades, en vez de cargar cada uno con todo el peso y consecuencia. Por ego, no se pudo entender que el amor es un diario y gran trabajo de equipo. En el final, vuelve a vencer el miedo. Como casi siempre y cada vez más a medida que avanzan los nuevos tiempos.
El amor no puede estar fundamentado sobre el miedo.
Esta historia, tu historia, no tiene más final que solo, una eterna agonía.


CAPITULO 1: ELLA
Increíble. Ella está ahí, sola, esperándome. Contra todos mis cálculos.
Anonadado, me acerco dubitativo, entre las brumas de aquel bar que ha conocido mejores épocas, poniendo en juicio lo que mis ojos apenas si distinguen y reconocen.
Es ella. No caben dudas.
Dios, que avejentada esta!!. Era tan bella que hasta me dolía mirarla. El tiempo ha sido cruel y, adivino por la profunda tristeza de su mirada, el sufrimiento ha pegado duro.
Trastabillo. Mis pies se ponen pesados y torpes. No puedo detener los recuerdos que cual flashes, golpean en mi mente. Recuerdos que estaban dormidos y no deseaban ser molestados.
Sonríe.
Levanta una mano saludando con gesto ansioso.
Quiero responder, pero ahora son mis brazos los que se paralizan ante las órdenes de mi cerebro.
Al instante caigo en gracia y después de tanto tiempo, que los recuerdos que creí muertos solo estaban dormidos. Lo demuestran la timidez y extrema torpeza que me asaltan sin que pueda hacer nada para contrarrestarlas.
Vuelvo a mirarla y recuerdo. Siento nuevamente cuanto llegue a quererla. Cuanto llegue a amar a esa mujer. Tanto que años costo recuperarme física y emocionalmente. Por nadie pude volver a sentir con tanta intensidad. A nadie nunca jamás con tanta entrega y pasión.
Todas las dudas. Todos los miedos vuelven a mí, iracundos e inmisericordes, sin que pueda dominarlos. Siento incontenibles deseos de escapar y apenas si puedo dominarme. Debe de ser instinto de conservación. Esta mujer y solo ella, ha sido capaz de lastimarme con una increíble facilidad. Cosa, nada sencilla en mí, por cierto, considerando que por condiciones de vida y crianza, he sido siempre un hábil manipulador de situaciones y sentimientos, a fin de no terminar nunca comprometido, lastimado o responsable. Tampoco he herido a propósito, ni en forma indiscriminada. No me disfruto de ello. No me hace sentirme mejor hombre o persona.
Me lastimo, y mucho. Sabía cómo poder hacerlo y se abuso conmigo.
Cuando la conocí estaba en un mal momento. Muy herida y llena de escudos, miedos y complejos. Sus continuos estallidos emocionales por inofensivos juegos de pareja, provocaban en mí la duda de que pudiese alguna vez superarlos y entregarse totalmente a mí, con el corazón abierto.
Pensé en escapar, muchas veces. La batalla era muy dura. Dar y dar, todo el tiempo y sin respuesta. Pero miraba sus ojos y todo el cansancio y el miedo desaparecían. La amaba tanto. Solo quería verla feliz, aun a costa de mi desgaste y sentimientos. Preocupado todo el tiempo y esforzándome por estar siempre pendiente. Ser el mejor de los hombres, ser perfecto, hizo que descuidara todo lo que yo era y me motivaba. Mi trabajo, ideales, cuerpo. Mi espíritu alegre y aventurero, todo y absolutamente todo le entregue. Por curarla. Por que pudiese amarme sin miedos, ni defensas. Por ver sus ojos, siempre y solo con lagrimas de emoción y de ternura.
Y ya nada mas tuvo para mi importancia. Solo ella. Eso en definitiva fue lo que hizo que ante mi desesperación y su falta de respuesta, terminara yo enfermando. De vacío, de soledad aun en su compañía. La falta de amor en la misma intensidad y desprendimiento me transformo en un ser oscuro y seco. Pude para ella, pero no para mí.
Ahora está ahí. Sentada con una sonrisa sin gracia, ni emoción.
Saluda y me acerco. Finalmente puedo balbucear palabras.
-Hola....
-Hola....., como estas???...responde.
-Bien!!!.....estiro la respuesta en un rictus canchero, tratando de resultar agradable y poder aflojar tensiones.
Después de todo, al terminar la relación y aun muriendo por dentro, fui yo el que no quiso volver a verla o hablar siquiera. Me dañaban sus actitudes, su desprecio. Me dañaban las acciones más bajas y deleznables que una persona pudiese cometer contra sí mismo. En su propio perjuicio. Y luego entendí. Lo peor que podría hacer para dañarme era ir contra sí misma. Vaya si lo hizo. Se le nota a flor de piel. Y no quería verla porque la seguía amando y estaba demasiado débil aun como para defenderme. Para no seguir cometiendo mas y mas equivocaciones, al rogar que me diese la misma atención, la misma intensidad de lucha para que estuviésemos juntos. El mismo desprendimiento en cuerpo y alma. Algo que no puede pedirse jamás, si el otro no siente la necesidad de darlo. Reclamarlo es un error miserable. Muchas veces cometí ese desgraciado error mientras duro nuestra relación y ya no quise seguir haciéndolo más. Por lo tanto, me aislé todo lo que pude, de ella y entorno, algo por cierto muy difícil en esta pequeña ciudad. Me negué a todo y a todos. A verla, hablar o saber. Aunque al principio de la separación, reconozco, no fue así. Perseguí y presione en demasía.
Costo mucho esfuerzo, muchas días, meses y hasta años de reflexión. De culpar y disculpar. De entender y por fin poder disculpar. De feroces autocríticas. Comprenderme, y finalmente poder disculparme a mí mismo. De recuperar mi propio respeto y autoestima, los que siempre fueron mi orgullo y refugio.
-Se te ve muy bien!!!!....contesta con una mirada mezcla de voluptuosa y provocativa, debajo de capas de maquillaje que no lograban disimular un mejor pasado, y que por cierto, me pareció de muy mal gusto en ese momento. Aunque, si lo pienso bien, mirada...., maquillaje...., ella siempre se escondió detrás de esa imagen de mujer segura, superada y mundana. La de, “está todo bien y la paso fantástico”, como forma de disimular sus falencias afectivas e inseguridades. Esas que solo yo logre descubrir. Esas de las que me enamore como un loco si red de contención. Y así me fue!!! Por jugarme el todo por el todo, a capa y espada. A puro Quijote romántico. De ese que ya no existe y del que cualquiera hoy tomaría como un síntoma de debilidad. Trate de sacar a la persona maravillosa que yo sé mora en su interior. Pero fui vencido. Vencido por los molinos-realidad de su imagen en la gente. Lo que ella vendía para protegerse de sus complejos, de su falta de amor. Pero, ahora al fin entiendo que la falta de su amor que tanto me torturo, no era más que un síntoma de sus propias limitaciones. Quien no se quiere, ni respeta a sí mismo, se confunde todo el tiempo y no puede por obviedad, querer a nadie. Todo lo que ve en el otro es solo una imagen, solo una necesidad para sí mismo, y para vestirlo, decorarlo y hasta esconderse detrás de él de ser necesario. Sencillamente, las cosas nunca son perfectas y tarde o temprano comienzan las inseguridades a hacer mella en la psiquis. Inseguridad en uno, es inseguridad en el otro, por carácter transitivo. Dudas en uno, dudas en el otro, y comienza el círculo vicioso. Me hice mucho daño creyendo que no me amaba. Que me engañaría rápidamente con cualquier monigote sin meritos, pero con reconocimiento social. Ese que ella tanto necesitaba para no sentirse menos, para ser “alguien”. Porque al haber entregado todo por ella, justamente, eso perdí. Ese mismo reconocimiento que hacía que se sintiese protegida y disimulaba sus complejos a mi lado. Junto con su respeto y confianza en mí, en mis capacidades y fuerza de voluntad, la más poderosa de mis virtudes. La que irónicamente, ella confundía con pasividad. Y cargo sobre mí todas las culpas. Sus culpas. La falta de confianza, de apoyo, de reconocimiento, de humildad y de verdadero orgullo. Ese orgullo que se siente cuando nos valemos, en plural, por nosotros mismos, sin deberle nada a nadie. El que sentimos con cada uno de nuestros logros y por pequeño que este parezca. Su poca voluntad para solucionar los problemas, escapando, dudando. Contestando con agresión en vez de tratar de entender y acercar posiciones. La falta de respeto, de compromiso, de total entrega que origina la reciprocidad. De lealtad moral, esa que toda persona que se juega, merece y necesita.
Y mis culpas???, creo que son las más importantes y de más peso en esta historia. Cometí el peor de los pecados que se puede cometer en un intento de pareja......, quise ser Dios. Me llene de vanidad pensando que todopoderoso salvaría a la doncella en apuros. Destruiría todo y a todos los que osaran interponerse en nuestra felicidad. El entregar todo sin pedir a cambio mal acostumbra y condiciona al otro. Lo llena de presiones y cualquier pedido de reciprocidad se transforma en un reproche, “ya no sos como antes, te victimizas y ya nos sos mi Don Juan”. Ahora sos el peor de todos y yo lo permití. Di el consentimiento a todos sus menosprecios. Disculpe todas sus malas acciones para conmigo, aun siendo hasta sádicas. Consideraba que estaba demasiado herida, tanto la habían maltratado que yo no quise ser uno más. No quería obligarla a que reflexionara y volviera vencida, para no sumar más a su baja autoestima. Volvía yo, y pidiendo perdón, siempre. Esa es mi culpa. Causante y único responsable de su pérdida de respeto a mí como hombre. Una y otra vez, volvían y volvía. La más grande de las culpas que un verdadero hombre puede tener es el síntoma de debilidad más extremo, y por lo tanto, todas sus culpas quedan minimizadas ante tamaña falta de carácter y auto valoración.
-Te escucho!! Para que me llamaste???....pregunté, tratando de darme seguridad y de manejar la situación.
-Quería verte!! Como alguna vez te dije, aunque pasaran veinte años, te buscaría y envejeceríamos juntos!!! A eso vine!!! A decirte que sigo amándote como antes, como nunca pude dejar de hacerlo, tratando de no verte siempre en otras personas, en otros gestos!! Tratando todo el tiempo de olvidarte de equivocación tras equivocación y jamás he podido hacerlo!!....hice un esfuerzo por parecer sorprendido, pero no lo estaba. Me lo temía y eso me hizo sentir aun peor. Hace tantos años que lo esperaba. Sabía que indefectiblemente algún día iba a suceder. Hasta eso hice mal. Hasta en eso fracasé. No solamente no pude ayudarla, sino que termine por destruirla definitivamente, habiendo creado un ideal sin sustento que jamás pudo encontrar en nadie. Termino en la creencia final de soledad e individualismo frívolo y materialista, del que tanto trate de sacarla. Que necio, idiota y engreído!! Termine destruyendo nuestras vidas por disfrazarme de don perfecto, salvador de almas creando una imagen que no tenía con que sustentar. Un personaje de seguridad y fortaleza que nunca como las que nunca tuve, que al no permitir que pudiese verme al desnudo, sin corazas, ni escudos, le hubiese permitido amarme como soy en realidad. Solo uno más. Un ser lleno de imperfecciones, pero sincero y honesto a la hora de amarla. Que pudiese apuntalarme en mis momentos de dudas y debilidades, y no por hacerme el fuerte, cargar todo sobre mis espaldas. Esas que por hacerle creer que eran tan fuertes le enseño a no tener que compartir la carga, a no sentir la necesidad de hacerlo ni entender. Magnificente en la creencia que podría salvar almas, si apenas pude, ni puedo con la mía. Si cada día desde que se alejo, ha sido la lucha eterna y constante por olvidarla, por esconder, por bloquear cualquier recuerdo. Trate de hacer de ella un monstruo sin alma, ni corazón. Fría, despiadada y sin escrúpulos. La acuse de haberme usado hasta vaciarme, de ejercer tortura sicológica, dando y quitando según su conveniencia. De engañarme en cuerpo y alma. De ser cobarde y cruel. De no querer dar la cara, ni explicar. De esconderse detrás de “necesidades” como tanto de imagen como materiales, reconocimientos sociales y laborales, fiestas y diversión; que quería hoy y ya, pero que nada hacía por lograrlo y no logro entender que eso es justamente el amor. El pelear juntos y cada día codo a codo por lograrlo, a iguales meritos. De ocultarse detrás de las necesidades de los que de nosotros dependían cuando en realidad son las nuestras propias. Nuestras propias frustraciones, egoísmos y envidias.
He levantado un muro muy alto durante estos tantos años, como forma de defenderme de sus ataques y de su desprecio final. Me he convertido en el mismo ser frió y calculador del que la acuse ser, del que quise cambiar en ella. Para olvidarla, también un cobarde que solo piensa en defenderse y escapar.
-Me parece que ya es un poco tarde. Ya no siento lo mismo!!....mentí.
-Vos sabes, el tiempo todo lo cura, tengo todo lo que necesito y soy muy feliz!!...volví a mentir y como el cobarde que soy, enarbole todos los escudos posibles para no volver a sentirme lastimado. Para que no se diese cuenta que jamás pude olvidarla, ni ser feliz a pesar de todos los esfuerzos posibles.
-Entiendo!!!...dijo resignada, como siempre dándose por vencida sin luchar.
Y esta vez entendí que hice bien en cuidarme, e irónicamente, la cobardía esta vez me ayudo. Ahora sí, y después de todos estos años, no hubiese podido soportar de nuevo su falta de agallas.
No protesto siquiera. No pidió, ni el más mínimo gesto de fastidio o desilusión. De nuevo y como siempre, fui su último recurso. El escombro salvador flotando en el mar más vasto de soledades y desesperanzas. La posibilidad de terminar con una vida un poco menos vacía y en el camino alguna caricia. Pero nunca su hombre. Su hombre. Ese que se merece el entregar todo y pelear por poder finalmente recuperar su amor. A costa de lo que sea. Vencer miedos, falsos orgullos, necedades y tiempos. Por ese que entrego su piel y alma, y solo nos pidió en canje amor sincero y desprendido. Solo un lance. Solo un medio. Solo nada.
-Si lo que queres es vengarte???...increpo
-No te daré ese lujo!!
-Te creí diferente, pero después de todo veo que sos igual a todos los que pasaron por mi vida sin dejar marca alguna!!! Serás entonces uno más y listo, se archiva!!...y volvió entonces a hacer la misma maniobra de siempre, camuflándose detrás de las usadas mascaras. Esconder los verdaderos sentimientos y mentirse, antes a sí misma, que a mí. Convencerse que no tiene marcas, esas que se descubren a simple vista sin llegar a tener que ser un osado observador. En sus ojos increíbles, pero de un brillo apagado. En las grietas que surcan su rostro como cicatrices y no como líneas de vida que abrazan felices los semblantes de los bien vividos. En lo superado de sus gestos, esos que ya no pueden disimular mas, después de tanto tiempo, la naturaleza doliente e insegura que los genera.
-En serio pudiste ser feliz sin mi????...pregunto desde la burla.
-Costó al principio, pero, finalmente recupere motivaciones, sueños y volví a ser yo!!!....y como siempre ante ella, mentí. No pude decirle que jamás volví a sentir nudos en el estomago, temblar frente a nadie. Sensación de vacío y deprimente soledad ante sus ausencias. Tan pleno y extasiado, después de nuestras rutinas de amor a pura entrega. Juro, el más pleno y pasional. Esas que jamás pude volver a repetir con nadie. Solo sexo, pero nunca volví a hacer el amor. Que jamás concebí la idea de envejecer al lado de otra persona que no fuese ella. Que lo intente, docenas de veces, pero fue imposible. Trate de ser buen amante, buen compañero, buen padre. Buen amigo, buena persona y hombre. Pero nunca pude sentirme de nuevo, pleno y feliz. Y, definitivamente soy tan cobarde y temeroso, acomplejado e inseguro como ella. Incapaz de decir lo que realmente siento. Porque de ella aprendí y se me hizo carne, a defenderme del que amo, como forma de no ser herido. Pude comprobar que la cobardía es la más ruin y contagiosa de las enfermedades, y la soledad su síntoma. El dolor, la única enfermera que nos acompañara por el resto de nuestros días. Tanto buscamos. Tanto nos equivocamos buscando. Tanto tiempo y penas en vano. No estaba en otros, sino en nosotros motivar el cambio que permitiera vernos sin velos, sin dobles caras. Encontrarnos para siempre y jamás volver a perdernos. Enfrentar las realidades. Esas que nos marcaban que con toda nuestra carga d debilidades y miserias, éramos el mismo amor hecho humanidad. En estado virgen y puro. Solo humanidad. Pero preferimos ser semidioses, perfectos e idílicos. Exacerbando los sentidos tratando de darnos en pequeños momentos intensidades que costarían una vida entera lograr. Cuidados excesivos, pedidos de atención casi enfermizos, sobreprotección. Un estado de desquicio. Sublimación del cuidado que termina por vaciarte y a la vez, quitando las ganas de responder a las exigencias desmedidas del otro. Tarde o temprano, provocando la desilusión y el desencanto. La sensación d que ya nunca volverá a ser como antes y por cobardía la negación a luchar por recuperar lo supuestamente perdido. Preferimos darlo por perdido a cargar con nuestras culpas y por humanos, humildemente cambiar, ceder, perdonar y pelear por ser felices. Por nuestra felicidad. Necios.
-Bueno, me gusto verte pero ya no volveré a hacerlo. Olvídate!!!. Cumplí mi promesa de buscarte porque esperaba envejecer a tu lado como nos habíamos jurado. Pero vos seguís igual!!, ni años, ni experiencia sirvieron para que dejases de imponerte y manipular a tu antojo. Seguís sin poner nada de tu parte, sin reconocer tus errores!! Viniste solo por venganza, por verme destruida pidiéndote que por favor vuelvas, pero, te equivocaste una vez más conmigo!!! No fuiste, ni serás tan importante en mi vida!!! Solo contribuiste en arruinarla, porque después de vos, aun mas, y definitivamente, me encerré y no me permití volver a comprometerme, ni sentir!!!...reclamó, con un odio desencajado en sus ojos.
Nunca me entendió, ni pudo entender la situación. Nunca pudo superarla. Obviamente, tampoco yo. Pero traté, juro que traté. Pude entender, y aceptar, pero no superarlo.
-Adiós!!..., saludo y se marcho.
-Adiós!!!...., y rogué más que nunca que hubiese otra vida, una esperanza y nueva oportunidad para cambiar lo mal hecho. Porque la amo, y la amare. Por siempre. En esta dimensión o en otra. Por lo infinito de los tiempos. Porque podré vencer todo para estar definitivamente a su lado. Todo, aun lo más poderoso que hace separar a las personas, el maldito orgullo malentendido.
Porque encontrare a mil personas diferentes, pero nunca nadie igual a vos.
Me marché, pensando más que nunca que somos tan dueños de nuestro destino, como sus mas infelices esclavos cuando no tenemos la valentía de reclamar lo que es nuestro y vivir la vida haciéndonos cargo de todo, aun lo malo, aun lo diferente. Porque forma parte de la verdadera felicidad. Es estúpido y sin sentido ser mártires del egoísmo y la soledad.
Ella ya está muy lejos, tiembla mi garganta y......ya no siento las fuerzas para llamarla.


CAPITULO 2: EL
El está ahí. Increíble. Respondió a mi llamado sin preguntas, ni cuestionamientos. Cuesta creer que sea él. Un poco más viejo pero misma mirada, forma de pararse y caminar. Misma torpeza. Se acerca dubitativo y ya no me caben dudas. Pienso y sonrió. Sigue siendo gracioso y viéndolo mejor, no cambio tanto como pensé.
En los últimos tiempos juntos y hasta la definitiva separación, estaba muy desmejorado, muy dejado. Flaco, casi a los huesos. No es muy difícil descubrirlo hoy, veinte años después, casi mejor que entonces.
Se notan igual los años detrás de esa imagen cuidada que raya el narcisismo. Claro, no tuvo que criar sola a nadie. Etapas de niñez y adolescencias. Las mujeres solas y con hijos a cargo, indefectiblemente no podemos disponer del tiempo, ni el dinero para frenar los avatares de los años en nuestros cuerpos.
Que pasa??, no se acerca!! Espero no esté tomando esas actitudes enroscadas y melodramáticas como siempre hacia. Escondiéndose detrás de esa mascara de torturada sensibilidad, lograba resultar ileso y sin culpas de cuanta diferencia de opinión teníamos. Y casi siempre también, salirse con la suya. Terco. Malhumorado. Sus malos tratos, constantes reproches y reclamos de atención, hicieron que fuera paulatinamente perdiendo mi amor, y lo abandonara.
También es verdad que siempre fue un buen tipo. Preocupado por hacerme sentir bien y por cargar solo con todas las responsabilidades, aun las no propias, pero en algún momento comenzó a generar que me sintiese menos, incapaz y ahogada. Sin darse cuenta, tantos cuidados fueron coartando mis libertades al punto de sentirme inútil. Sin espacios. Sin aire. Pretendiendo que le entregara mi vida sin miramientos. Que viviese según sus condiciones y formas. Pero yo tenía mis propias motivaciones y no lo acepte.
Me fue perdiendo. Con sus arranques y rabietas. De a poco, me perdió. También yo. También yo perdí. Nunca jamás volví a sentir como con él. Tuve muchas relaciones, algunas buenas y otras no tanto. Me logre olvidar por momentos, pero siempre caían en la comparación casi imposible de obviar. Y perdían. Todos perdían. No por mejor amante, ni por lindo o inteligente. Menos aun, por posicionamiento social. Solo que nunca volví a sentir de nadie, tanta preocupación y desprendimiento. Tanto que llego a molestarme. Me hacía sentir que jamás podría darle la misma intensidad, alejándome en vez de poder acercarme. Llegue a sentir que no lo merecía y que era la culpable de todas sus muchas frustraciones.
Cuando lo conocí era un ser lleno de vida. De proyectos. Y todo lo dejo por mí y sin habérselo pedido. Primero me pareció increíble. Jamás pensé que alguien fuese capaz de hacer algo así por mí. Me sentía halagada, única, en éxtasis e idilio permanente. Era mágico. Casi todo lo que había soñado. Casi un príncipe y quijote, hecho a mi medida. Romántico, pero fuerte. Dueño de sí mismo. Capaz, rebelde y dulce. De enfrentar a quien osara mirarme por demás o defender a capa y espada a su dama en cualquier circunstancia, aun la más traumática y cargar solo con todo el peso de la responsabilidad. Era tan único. Tan maravilloso conmigo. Que le paso???, porque cambio tanto?? Que fue lo que hice para que empezara a culparme de todas sus frustraciones y locuras???. Que hizo que perdiera su confianza en mí??. Sus actitudes me llenaron de dudas y comencé a perder el respeto que sentía por él. Yo no lo busque, el me empujo. Acusándome de todo y llenándome de culpas, maltratándome todo el tiempo. Logró que sintiera primero, que ya no tuviera ganas de verlo y, de compartir la vida, después.
Pero estoy aquí. Por él. Pobre, se que siempre me quiso y me da pena verlo solo. Supongo que el tiempo le habrá permitido crecer lo suficiente como para no volver a cometer los mismos errores.
-Hola....
-Hola...., como estas??...contesté.
-Bien...dijo con el aire soberbio de siempre, ombligo del mundo, rebelde con causa, pero el comprador de siempre que sabe de su sonrisa siempre sana, y de una mirada que, sin ser bella, es transparente y sincera. Jamás pudo esconder sus sentimientos si miraba en sus ojos. Alguna vez pude sentirme la mas amada y segura de las mujeres, en su reflejo. Recién ahora, y ya pasado tanto tiempo, vuelvo a sentirme así, y me estremezco casi de la misma manera. Tendré que evitar mirarlos o me pierdo. Tendré que disimular una mirada más segura y superada en apariencia.
-Se te ve muy bien!!!...dije tratando de romper la frialdad y de disimular lo excitada que estaba. No quería que se sintiera incomodo, pero tampoco tan seguro como para creer que podría manejar la situación a su antojo. Siempre fue un manipulador. De situaciones y de personas. Reconozco que sin maldad, pero sacando rápidas ventajas para cubrirse y no ser herido. Detrás de esa imagen de tipo curtido y duro, siempre supe que hay un eterno niño buscando ser amado y protegido por sobre todas las cosas. Muchas veces logre verlo débil ante las adversidades. Muchas veces lo vi llorar impotente sin poder enfrentar la realidad que nos estaba tocando. Otras veces, parecía entregado, sin fuerzas ni ganas de pelear. Tanto duro su estado, que fui dejando de confiar en él. Fui perdiéndole el respeto. No podía entenderlo. Me hablaba de cosas que hasta parecían irreales, castillos en el aire que me llenaron de dudas y miedos. Me hacía sentir responsable de que no pudiese salir de ese estado casi vegetal. Todo estaba mal, y todo era motivo para deprimirse y no querer hacer nada para mejorar. Ahí, y pasado el tiempo, creo que fui yo la que falle. Tengo que aceptar que no tuvo ni mi apoyo, ni mi confianza. El reconocimiento que le diese la fuerza para superar ese estado. Finalmente salió solo y rápidamente. Se recupero física como anímicamente. Volvió a trabajar y a demostrar lo que era capaz de hacer, aun en momentos económicamente complicados. Recuperando también las mismas cosas que, por su perdida, le habían quitado motivación. Reconozco que no lo supe apoyar. Nunca fui lo suficientemente paciente como para esperar mejoras. Vivir hoy era lo único que me importaba y el nunca pareció interesado en querer darme esa posibilidad. Los días pasaban largos y tediosos. No vislumbraba mejoras o cambios. Un día, deje de creer. Su pasividad me harto. Su estado me desesperaba y perdí la fe. No tengo, ni tendré la fuerza de voluntad para enfrentar y esperar superar los problemas. No me enseñaron a hacerlo y necesitaba la protección de quien pudiese dármela. Si no, sola estaría mejor. Eso pensé durante años y eso fue lo que busque desde que lo deje. Sentía que en el pasado perdí demasiado tiempo esperando, haciendo todo por quien no lo merecía y no quise volver a cometer el mismo error nuevamente. El mismo que termine cometiendo con él, e indefinidamente durante toda mi vida.
Pude por un tiempo olvidar y cubrir sola mis necesidades. Logre hacer las cosas que me motivaban y divertían sin tener que dar explicaciones. Recurrí a no comprometerme sentimentalmente con nadie para no terminar más herida. Pero, no logre darme cuenta que el tiempo es implacable y cobra sus deudas con las personas que no logran mostrarse y ser, como en realidad son. Una imagen fría, solo propone ratos sin compromiso y progresivos vaciamientos. Cada vez, más desconfianza y finalmente la total soledad. No fui lo suficientemente inteligente para darme cuenta que el tiempo quita los atractivos que generan el autoengaño. Ese, que use para refugiarme y no pensar más en el. Me aislé en grupos de gente que creí importarles, sin darme cuenta que en el tiempo me usarían y dejarían sola, porque al igual que yo, solo buscaban pasar el tiempo. Compañía e imágenes. No quise darme cuenta que podría haber sido feliz, tal vez solo si luchaba un poco más. Pero, ya que importa??, no tiene sentido torturarme más. Así fue, y así será.
Me acuso de cosas horribles y perdió. En su locura, intento ahogarme en culpas. En reclamos de explicaciones que no tenia porque dar. Siempre supe quien soy y no tenía nada que explicarle. Yo no falle, el me perdió.
-Te escucho¡¡¡Para que me llamaste???...dijo en el tono dominante que siempre usa para ponerse a la defensiva y crear la culpa en el otro.
-Quería verte!! Como alguna vez te dije, pasarían veinte años, te buscaría y envejeceríamos juntos!!! A eso vine!!! A decirte que sigo amándote como antes, como nunca pude dejar de hacerlo, tratando de no verte siempre en otras personas, en otros gestos!! Tratando todo el tiempo de olvidarte de equivocación tras equivocación y jamás he podido hacerlo!!....puso cara de sorprendido, trato de disimular y no quedar en evidencia, pero el paso de los años no le enseñaron a esconder sus sentimientos. Vivió en el recuerdo y esperándome todo el tiempo. A esta altura su fidelidad merece una nueva oportunidad. Antes el saber que siempre estaría me parecía poco desafío y hasta un síntoma de debilidad de su parte. Hoy me parece la prueba más grande de amor que un hombre es capaz de dar. Ya es innecesario sentir la emoción de la duda. La adrenalina que produce el temor a perder lo que se ama no tiene ningún sentido. No vale la pena seguir obligándolo a dar pelea. Aun en el renuncio y desde la lejanía. Pensé que era un síntoma de falta de carácter, pero pudo demostrarme que no era más que un amor inmenso y la voluntad inquebrantable de estar seguro de lo que se quiere.
Pero ya es tarde para reconocer errores y cambiar. El tampoco lo hizo. Desapareció. Se escondió en su aislamiento tan personal, vendiendo la imagen de tipo usado y engañado. Esa con la que tuve que cargar durante tanto tiempo, costándome el desprecio y la desaprobación de tanta gente. También tuve una pesada cruz que cargar por su culpa. Nadie volvió a mirarme sin acusarme de haberle hecho tanto daño. A partir de su posición, todo el que se me acercaba, creyéndome materialista y fría, solo buscaba lo que supuestamente yo solo era capaz de proponer, un momento sin compromiso. Solo personas que eran como lo mismo que creían de mí. Si tanto mal le hice, ni se dio cuenta de qué forma tomo revancha. Cuan cruel fue su forma. Que sola y vacía me dejo esa actitud.
-Me parece que ya es un poco tarde. Ya no siento lo mismo!!....escupió.
-Vos sabes, el tiempo todo lo cura, tengo todo lo que necesito y soy muy feliz!!...era su revancha y espero verme vencida y suplicante.
-Entiendo...conteste con bronca y la amargura de sentir que perdí el tiempo al tratar de recuperar esa persona que alguna vez conocí, dulce y cariñoso, y no a este ser despreciable y vengativo. Que solo espera verme derrotada, rogando y haciéndome culpable de todo lo ocurrido. No voy a darle ese lujo., ni aun muriéndome por dentro. No es el hombre que conocí y el que llegue a amarlo tanto. Solo es su imagen. Solo una sombra fría y despiadada, mas especulador de lo que nunca fue. Menos él, de lo que nunca fue. Me aterra pensar que pude ser la causante de tamaña transformación. Ese ser único, maravilloso, capaz de jugarse entero por mí, de las miradas más dulces y las eternas caricias que aun siento cuando las necesito. Esas que vuelven una y mil veces, solas y sin que las llame. Porque las dio, una y mil veces, solas y sin pedírselas. Ese, ese ya no es el. Es solo una cáscara vacía. Ya no envejeceremos juntos. El murió.
-Si lo que queres es vengarte???...dije
-No te daré ese lujo!!
-Te creí diferente, pero después de todo veo que sos igual a todos los que pasaron por mi vida sin dejar marca alguna!!! Serás entonces uno más y listo, se archiva!!...le dije con frialdad y refugiándome nuevamente en esos muros que siempre me sirvieron para no mostrar lo que en realidad sentía. No permitir que me sigan lastimando. Desnudar mi alma, mi vulnerabilidad. Otra vez me equivoco feo y van....Por crédula. Por débil. Por sensible me dejo arrastrar y termino herida nuevamente. Pero, ya no mas, no tengo esperanzas, ni la motivación del tiempo. No vale, ni valió la pena, aun reconociendo que mantuvo en mí la creencia de que en el final y luego de todo lo malo podríamos recuperar lo perdido. Ya no vale la pena.
-Pudiste ser feliz sin mi???...pregunte dándome fuerzas e importancia.
-Costó al principio, pero, finalmente recupere motivaciones, sueños y volví a ser yo!!!....dijo en la actitud soberbia de la persona que no puede salirse con la suya e invierte la carga de la prueba como forma de limpiar su culpa y hacer sentir, como siempre lo intento conmigo, que perdí a la persona más importante de mi vida. Que estúpido!! Jamás lo fue, ni pudo llegar a serlo. Nunca sentí seguridad como para poder bajar mis defensas y amarlo libremente. Esas mismas actitudes manipuladoras, el mostrarse como el salvador o el mejor, solo me mostraban un ser lleno de complejos y necesitado de mi total atención. La subordinación a sus opiniones, eran único criterio y antojo. Intento con esmero cumplir una función, solo para demostrarse que era imprescindible para mi, y para todos.
No logre sentirme plenamente feliz, porque el intento fue por él y no por mí. Porque su desmedido afán por dar, era en realidad la forma de generar compromiso a la voluntad y que dependiese de su magnificente superioridad para ser feliz.
Ahora logro recordar porque me sentía tan ahogada. Porque estaba tratando de escapar todo el tiempo. Se encargo de sembrar todo tipo de culpas con sus cuestionamientos. Utilizaba golpes bajos constantemente para poder salirse con la suya y que bailara a su ritmo y tiempos, culpándome de lo que supuestamente dejo por mí, pero sin hacerse cargo de que lo hizo porque quiso y nadie se lo pidió. Hay valentía en el hecho, pero no total entrega, ni desinterés. No logre darme cuenta de sus falencias. La forma de esconderlo me impidió ver que tanto necesitaba de mi, como yo de él. Podría haberlo ayudado si me hubiese mostrado su verdadera cara. Tan falible y humano como cualquiera. No me hubiese decepcionado, sino contrariamente sentir que era tan importante para él, como él en algún momento lo fue para mí. No supe, ni pude ver detrás de esa imagen de dureza y autosuficiencia, solo había un hombre esperando mi atención y apoyo. No era más difícil que demostrármelo. Solo pedirlo. No logre sentir su valoración, sencillamente porque escondía sus propios miedos detrás de esa mascara de exigencia y seguridad, tratando todo el tiempo de protegerme solo lograba hacerme sentir incapaz, confusa todo el tiempo ante cualquier situación propuesta. Sus fantasmas, solo miedos desde la falta de fundamento. Obligándome a encontrar ese fundamento y terminar refugiándome en el, o en la creencia de que sola y por las mías, estaría mejor. Logre poder creerlo por algunos pocos momentos. Por otros, busque algo más, o a quienes pudiesen servir para ayudarme aun más a no pensar. Siempre creí que no pensar era la mejor forma de olvidar y superar las cosas. La forma de no tener que hacer autocríticas ni reconocerme alguna responsabilidad. Era un aliado incondicional, es no vivir en el pasado, sino solo en el hoy, contrariamente a lo que él hacía y me parecía persecutorio y hasta enfermizo. Pero me equivoque. El no entender y superar el pasado, no nos permitirá vivir el futuro. Porque el presente no nos deja entender que será nuestra ruina y mortaja. Porque el hoy es demandante y egoísta. Y cobrara la cuota de miseria en su debido momento. Hoy lo sé. Hoy lo estoy sufriendo.
-Bueno, me gusto verte pero ya no volveré a hacerlo. Olvídate!!!. Cumplí mi promesa de buscarte porque esperaba envejecer a tu lado como nos habíamos jurado. Pero vos seguís igual!!, ni años, ni experiencia sirvieron para que dejases de imponerte y manipular a tu antojo. Seguís sin poner nada de tu parte, sin reconocer tus errores!! Viniste solo por venganza, por verme destruida pidiéndote que por favor vuelvas, pero, te equivocaste una vez más conmigo!!! No fuiste, ni serás tan importante en mi vida!!! Solo contribuiste en arruinarla, porque después de vos, aun mas, y definitivamente, me encerré y no me permití volver a comprometerme, ni sentir!!!...argumente como forma de frenar su cabeza loca y cualquier posibilidad de respuesta. Ya no quiero pensar en lo que pudo ser. No quise sentirlo más el hombre de mi vida. Ya no quise continuar con la sensación de la importancia de su perdida. No quise aguantar más el dolor. El vacio. No lo ame tanto. No quise haberlo amado tanto. No me intereso amarlo tanto. Pero...porque siento aún este dolor??, Porque solo quiero escapar y llorar sola??.
-Adiós...apure la despedida.
-Adiós..., contesto irónica y sarcásticamente.
Y me marche apurando el paso. Tratando de dominar el temblor de mis piernas. Haciendo enormes esfuerzos por no voltear a mirarlo. No sé que hubiese pasado si llegaba a encontrar su mirada.
No voy a voltear. No voy a pedir. Ya no vale la pena, ni por él, ni, por mí.

viernes, 14 de noviembre de 2008

LA COMUNIDAD

Trato aun de saber, si pasó en verdad. Tiene que haber pasado. Tiene que haber sido cierto. Esa es hoy mi búsqueda.
Repetía el rito matinal, una y otra vez. Salía al balcón, apoyaba mis manos en el barandal y miraba el horizonte, desafiando las inclemencias del clima.
__No estropearas mi humor, te lo aviso!!, esputaba a los vientos, a la vez que, entrecerrando mis parpados, luchaba por evitar que el tierral en suspensión, fuese empujado dentro de ellos por la ventisca.
Vivo en el sur de Argentina, en la Patagonia, y esa es la constante. Viento, tierra y el vasto desierto. La geografía forja el carácter adusto y huraño de la gente, y aun dentro de esa característica general, dentro de mi burbuja, hago esfuerzos supremos como para no perder mi humor. Un tanto sarcástico y burlón, para nada ecléctico.
El aroma del mar cercano, lo llena todo y, aun entre los ruidos citadinos, logro escuchar las rompientes golpear contra las costas acantiladas.
Desayuno en una paz inigualable y sin apuros. Luego de varios años pude, finalmente, dejar la vida de “prospero hombre de empresas” y hacer lo que me place, cuando me place. En el desarrollo de una empresa de transportes de carga, descubrí que me gustaban mucho más, los viajes y la soledad de las largas rutas, que lidiar con las personas. Finalmente, de empresario a camionero independiente.
La melodía de “Sometimes I feel like screaming” de Deep Purple, a modo de ring toné en el celular, genera una gran contradicción. Me encanta ese tema, pero irrita el saber que alguien requiere de mis servicios del otro lado del maldito aparato. Que por otro lado, hace caso omiso a los sonidos de silencio que le emito partiendo en dos mis labios con el dedo índice.
Una empresa de logística internacional requiere de mis servicios de entregas personalizadas. Una carga espera en la Aduana dispuesta para ser entregada en un paraje perdido dentro de la zona cordillerana. Comento no conocer, ni haber escuchado nombrar el lugar de destino, pero vía fax remiten un plano que marca las cercanías del lugar y el encontrarlo, depende ya de mis habilidades.
Acepto finalmente y de muy buena gana. Los lugares montañosos son mi pasión, amén de que me pueden los desafíos. También será un trabajo de varios días de viaje, y por lo tanto, pocos humanos que soportar mientras dure.
Parto en el instante de recibidos los últimos pequeños detalles y la confirmación del depósito del pago. Extraño, por cierto, en mi cuenta y sin emitente.
Un par de días me lleva llegar a la Aduana, y sorprende el encontrar que los eternos papeleos están misteriosamente listos, casi como queriendo deshacerse lo más pronto posible de, una extraña caja de madera del tamaño de un pequeño automóvil, completamente cerrada, sin pasos de aire, ni marca alguna. Sin remitentes, ni nombres para su recepción a la vista. Solo un nombre en los remitos “Tranquera Azul”, sin personalizar.
No es tan raro en realidad, porque sé en qué país vivo y que moviendo un par de “influencias”, cualquier cosa se puede lograr. En conocimiento de esto, emprendo tranquilo el viaje, sabiendo de antemano que tengo inmunidad para poder pasar los controles. Me tranquilizo pensando será algún tipo de maquina o herramienta, solo burlando las tasas de importación, o algo por el estilo. Nada anormal por estos lares.
En todo caso, el trabajo ya esta pago y ahora toca cumplir. Y disfrutar en ello del viaje y la geografía.
Toca un par de días más llegar a la marcación que cita el plano. Es solo ruta, solitaria e intrincada. Cualquiera que ha recorrido la Patagonia sabe de lo fácil que es perderse, y de los cientos de rutas y pasos sin carteleras marcando destinos. Bueno, después de todo, lo que yo pedía finalmente era no rastros de civilización, y es lo que tengo.
Reflexiono a cada paso sobre la paz que es en estos momentos, saber que nadie estará preocupado por mí, y que por otro lado, tampoco persona alguna sabe dónde y que estoy haciendo. Sin testigos. Sin ningún testigo…
Entrada la noche, cansado y ya casi sin combustible en los depósitos, totalmente perdido en los caminos laberínticos, la luz, aun tenue, de una pequeña farola a queroseno, se bambolea en los brazos de una silueta humana y detrás, la tranquera. Descubro su color azulado, solo luego de enfocarla a las luces de mi camión.
Un gesto de la figura conminando a que lo siga, me lleva por un sendero que en medida que nos adentramos, torna en una vegetación densa y profusa. Demasiado para la zona, y de especies que no logro reconocer, pero, el cansancio extremo impide centre la atención en identificarlas en estos momentos. Ya veré al regreso.
El sendero de vegetación, se va tornando en, casi un túnel, oscuro, pringoso y sumamente tétrico. Igual, no me preocupa, solo quiero llegar y descansar.
Un comité de pocas personas nos recibe en el final del trayecto. Las figuras son simétricas, todas de igual tamaño y altura, y ubicadas en semicírculo.
A duras penas, tambaleándome y con histéricos movimientos de descontractura, desciendo del vehículo a la vez que desde el centro de la formación, un hombre de rasgos lineales y pétreos, viene a mi encuentro, saludando parco pero amistosamente.
__¡¡Buenas noches, soy Jonás, espero vuestro viaje haya sido placentero!!... me dice estrechando una mano huesuda, pero demasiado tersa.
__¡¡Gracias por llegar a tiempo. Estimo estarás cansado, se te acompañara prontamente a la salida!!...comenta con el mismo gesto amistoso, tanto que, no suena a que estuviesen despidiéndome tan rápido como amable es la forma.
Le explico entonces que aun logrando sobreponer el extremo cansancio, y la posibilidad de dormir en la cabina dormitorio del camión, difícilmente podría seguir ya que los tanques de combustible están casi vacíos.
La reacción que genero me hubiese asustado, de no ser que aun considerando el lugar, y la superioridad en números del grupo, el halito de paz que emite el lugar me provoca más curiosidad que miedo. Y curiosidad es mi segundo nombre, por supuesto, amparado en unas veloces piernas.
Con gestos suaves y cadenciosos, pero llenos de dudas, cada uno de ellos y en un total hermetismo, cruzan sus miradas, como en un intercambio de opiniones sin emitir sonido alguno.
Como en formación, y con movimientos frágiles, me abren un callejón con la entrada de la pequeña morada como epilogo. Ahora que el cansancio es, ya sobrepasado, por lo extraño del lugar y la situación, fijo la atención en la estructura de reducidas dimensiones a donde me dirijo, flanqueado. Imposible pueda albergar tantas personas, pero, tamaña es la sorpresa al ingresar. Camuflada en los subsuelos, la construcción torna en amplitud y modernismo.
El enorme espacio sin mobiliarios, ni artefacto a la vista, parece despedir un fulgor que envuelve en luminosidad a todo el lugar, y pierdo referencia de paredes o pisos. También a los integrantes del grupo, mimetizándolos con el entorno.
Ahora, gracias a la luz, distingo mejor sus facciones. Mayúscula sorpresa y van… Misma etnia, mismos rasgos. Blancos como algodón, sin muestras del contacto con los rayos de un sol, sin protección de la capa de Ozono, como el que golpea inmisericorde sobre las tierras más al sur de las Américas. Indefectiblemente, la lógica deducción lleva a concluir que esta gente no vive de la tierra. Grandes ojos de un celeste casi cristal, dentro de unas cuencas profundas y oscuras, y cortes de cara lineales, completan la fisonomía general del grupo. Solo el cabello de alguno de ellos se revela a parecerse en un todo. Al gris plata predominante, y claro está que esto podría ser producido solo por los efectos de la intensidad lumínica del lugar, solo escapan dorados intensos de una pequeña minoría.
A vistazos distingo que las cantidades de ocupantes, se multiplican por decenas, y la escena se asemeja a un limbo celestial y su comité de recepción.
En un supremo esfuerzo de concentración, me obligo a volver a la humanidad, exigiéndole a mí cuerpo potenciar las sensaciones de cansancio y hambre, como forma de poder escapar al influjo hipnótico que casi me automatiza.
El contacto de Jonás sobre mi brazo, ayuda. Con un leve empuje, me guía hacia un pasillo que desemboca en cubículos similares a los camarotes de un submarino. Sin ventilas y con muros de textura metálica, pero sin frialdad al contacto. Es más, casi desde el desquicio aseguraría que son de materia orgánica. Indefectiblemente a estas alturas, mi estado sicofísico esta cerca del colapso total y ya no coordino. Bah!!…, estoy más que acostumbrado, y es casi una regla en mí.
El esmero en atenderme, es causa común al grupo. Sin mediar pedido de mi parte, ni consulta alguna, todos mis deseos no revelados en cuanto a alimentos y bebidas, son saciados. Pero también flota en el ambiente, que con cada atención, hay una vigilancia tacita. En todo caso, no me importa que así sea, están en propio derecho, ante un intruso casi auto invitado. Semejante frugalidad disculpa sentir cualquier molestia.
Cada una de mis preguntas se revela en miradas compartidas como desde los principios. Pero ahora, y desde un estado catatónico, alcanzo a percibir leves sonidos como de conversaciones a muy bajo volumen, pero también, muy aceleradas. Contestaciones, absolutamente ninguna. Tampoco movimientos.
Sería el éxtasis poder darme un baño, pienso desde la timidez en pedirlo, cuando el silencio se rompe y llega el ofrecimiento. Y en estos momentos, es cuando el que está a punto de ofrecerse como un integrante más de esta comunidad, desde el agradecimiento, soy yo.
Nuevamente soy escoltado hacia una habitación con más aspecto de cámara de desinfección de un laboratorio, que de baño. Primera vez desde el arribo que soy liberado en albedríos, aunque en estos momentos hubiese pedido exactamente lo contrario, puesto que ya desnudo y dispuesto, no encuentro sanitarios, ni grifería alguna. Camino desconcertado de un lado a otro, tratando de encontrar los accionamientos, y en el instante que estoy a punto de caer de rodillas y comenzar a llorar como un marrano, desde el piso brota una lluvia que no moja, y paralelamente la sensación de pureza tanto en lo exterior, como internamente. Que buen método, más de un alérgico al agua estaría de parabienes.
Es en ese instante que ya no recuerdo más nada. Solo explosiones de imágenes flasheadas, como en un sueño, pero llenas de paz, como implantadas, elegidas en forma concienzuda.
El despertar es un estado de levedad, cargado de energía, y sensaciones extremas. Todos mis sentidos se perciben más agudos, y hasta, más desarrollados. Estallo en carcajadas, al creer sentir más inteligencia, que la poca que me toco en gracia de nacimiento. El pensamiento no dura demasiado, es estúpido pensar que mágicamente podría desarrollar inteligencia solo con un descanso por demás reparador. Me deja más tranquilo darme cuenta que sigo siendo el mismo pavote (bobo) de siempre.
No más tiempo de devaneos, al instante, me veo nuevamente rodeado por la “guardia pretoriana” que me acompaña desde mi llegada. No necesito gestos para entender que su pronta compañía, es también una invitación a que raudo emprenda nuevamente el viaje de retorno.
Es extraño el notar que casi como uno más de ellos, sin sonidos y simplemente con comunicación visual, entiendo intuitivamente cada intención y pedido.
Ya en las afueras de la estructura, la noche me recibe calma y llena con un cielo de constelaciones desconocidas.
Sin pérdidas de tiempo, ya en el interior del vehículo, descubro llenos los tanques de combustible, y sin más, nuevamente soy guiado a través del follaje desandando el camino hasta la tranquera que franquea el acceso a la ruta.
Nuevamente en viaje, recorro caminos y cruces, buscando el que me guíe a casa. Otra vez estoy perdido, y mientras busco alguna señal que me ubique en tiempo y espacio, la imagen del grupo en formación, homogéneo y silencioso, despidiéndome sin gestos ni explicaciones, despojado de sentimientos, vuelven a mi mente, una y otra vez. Solo sus ojos clarísimos, empotrados en sus cuencas, clavados en mí, como penetrando, estudiando y entendiendo mis próximas futuras acciones. También, en despedida final. O quizá no.
Es cuando el cansancio termina de convencerme que no lograre salir de este laberinto de caminos, que detengo la marcha, en un claro, a los costados de la ruta, y me dejo caer a la inconsciencia, en el mismo formato de imágenes y paz. Y duermo.
La intensidad de la luz matinal, me devuelve a la realidad. La sorpresa golpea, al ver, a pocos metros en el frente, un cartel indicando las distancias a terrenos ya conocidos. En pocos minutos retomo la marcha, mientras las horas pasan velozmente hasta llegar a destino, como consecuencia de los pensamientos y búsqueda de respuestas que no me abandonan hasta el arribo.
La sensación de haber soñado todo, es casi una tortura. Pero, no dura demasiado. Solo hasta que, luego de desempacar, el reflejo de mi imagen en un espejo, antes no vista, devuelve una nueva y desconocida fisonomía. Quedo petrificado al descubrir la palidez casi blanquecina de la piel, unos ojos mucho más cristalinos y profundos, y el cabello en un gris plata, casi adueñándose totalmente de mi cabeza.
Desde el sticker en la heladera (nevera), un calendario gaucho me pone al tanto de la fecha. A pocas cuentas, descubro que también alguien se quedo con un par de días faltantes de mi reciente historia. Durante semanas, inmerso en preguntas, naufrago una y otra vez, en la duda sobre la veracidad del suceso.
Han pasado un par de años ya, desde aquella experiencia. Cada día, descubro en mí, nuevas y desconocidas capacidades. He agotado por todos los medios, la búsqueda de información, sin encontrar pista alguna. Imposible encontrar a la persona que se contactó, encargando el movimiento de la carga. La negativa de las autoridades de Aduana a cualquier referencia, es la única contestación. Eso no me es extraño, por cierto.
Cada oportunidad de tiempos disponibles, a bordo de mi moto, recorro los sitios posibles, en una búsqueda obsesiva y casi, desesperada. Aun así, expuesto a los azotes de la radiación solar, el tono de mi piel jamás volvió a ser el mismo. Tampoco yo.
Pero, algo me empuja a seguir la buscando. Y también, algo me hace saber que esperan por mí. Tal vez, sea necesario desarrollar, evolucionar o solo finalmente terminar de creer.
Allí, en algún lado tienen que estar, deben de estar। El destino final. La comunidad.

sábado, 18 de octubre de 2008

EL ESPEJO

Es temprano. Natalie aun duerme y no quiero despertarla. También los niños.Recorro los pasillos del pequeño departamento a total hurtadillas. Sé que no es bueno lo que estoy haciendo y es por eso que, cuidadosamente, oculto cualquier posibilidad de ser descubierto. Este es mi momento, intimo, el único donde soy protagonista y cómplice a la vez. Somos una familia común, diría, hasta vulgar. Rutinas constantes de pequeños burgueses con más obligaciones que derechos. Mas miserias que “glamour”. Un trabajo promedio y sin desafíos. En fin, a decir de los “Pink Floyd”, “un ladrillo más en la pared”. Este es el único momento de mi día, que me estimula, y por el que, a costa de aumentar el tiempo disponible, ya pocas son las horas de sueño o de atenciones maritales. No enciendo la luz del pequeño cuarto de trastos y fusilerías. La intención, en definitiva, no es que el vetusto espejo devuelva la caricatura que es hoy mi imagen, sino todo lo contrario, lograr ver a través de él. Todavía no pude descubrir como llego a mí poder. Nadie en su sano juicio regalaría algo tan sin gracia, y en tal deplorable estado. Poco tiempo atrás llamo mi atención, entre las vituallas, como escondido pero, a todas luces, intentando ser descubierto. Algo inexplicable dentro de mí, impidió que terminase esperando el paso del recolector de basuras. Y algo más inexplicable aun, me arrastro a mirar más allá de su reflejo, disparando niveles de fantasía e imaginación que jamás creí poseer. Desde ese día, todos y cada uno, fueron cada vez más tempraneros encuentros. Solos, él y yo. A veces, hago desesperados intentos por no sucumbir a este ritual ya adictivo, que me va transformando paulatinamente en un ser, cada vez más, oscuro y taciturno. Pero la visión que propone, de esta otra dimensión, es un influjo magnético, una mezcla sado-masoquista imposible de resistir. Envuelto en devaneos y a falta de luz, tropiezo, y ante la posibilidad de ser descubierto, una corriente fría me recorre el espinazo, mas por preservar, que por temor a represarías. Natalie es una buena mujer y mejor esposa aun, no merecería saber de mi falta de entusiasmo para con nuestra vida. De la frustración que me embarga y aumenta día a día, al ir convirtiéndome en un voyeur envidioso de este alter ego, un sosias carismático de buen vivir que espío a través de la ventana indiscreta a otro estado de tiempo y espacio. De este “yo alternativo” que habita del otro lado. En un principio, observaba impávido creyendo que solo era una alucinación, una manifestación creada para convertir una realidad chata en otra plena. Luego, un día me descubrió de la misma manera que yo a él, con igual sorpresa e incredulidad. Entonces entendí, o que era real, o que definitivamente el desquicio estaba tomando por asalto mi psiquis. En los primeros aprontes solo fisgoneábamos a hurtadillas. Supongo que tratando de dar veracidad a lo que cada uno de nosotros veía reflejado. Luego, paulatinamente comenzamos a aceptar y permitirnos espiar las diferentes realidades. Sin saber bien como, empezó la comunicación. Fue fácil llegar a las confesiones. El, era yo mismo. Su modo de vida, era la que había soñado para mí. El intercambio de estados y acciones, termino convirtiéndose casi en un constante monólogo de su parte, y no pude reparos ni intente modificar eso, con grandes ojos deseosos, hipnotizado, sucumbía a las formas emocionantes y glamorosas de vida de este bon vivant. Un trabajo excitante y con una por demás onerosa remuneración. Como consecuencia directa, absolutamente todos los placeres posibles, le eran concedidos a capricho y derecho. Con cada día, una historia, y con cada historia una nueva aventura, aun contadas desde una mundana humildad, iba generando en mi una insipiente envidia cada vez mas malsana e imposible de ocultar. En los días que por eventos o citas, retrasaba su llegada, mi ansiedad en su espera solo podía compararse a la que sentía en las primeras épocas de noviazgos, cuando ante cualquier pequeño retraso en la llegada de Natalie, mis nervios rozaban la psicosis. A su llegada, escondía la ansiedad solo para no resultar tan mediocre, pero él siempre, aun con el cansancio a flor de piel, hacia un espacio de tiempo para contarme las venturas del día, y en aun hasta en las quejas no cejaba de añorar sus “problemas”. Un día descubrí algo que desencadeno el paradojismo. En un gesto incontrolado por tocar su mundo, mis dedos se desmaterializaron a través del vidrio hacia en otro lado. Casi como golpeado por una carga eléctrica, nerviosamente comencé a probar una y otra vez, armándome de valor en cada intento, hundiendo mas de dedos a mano, de mano a antebrazo a caer en cuenta que podría ingresar completamente mi cuerpo hacia el otro lado del espejo. Tampoco tardamos demasiado en desarrollar un nuevo juego. Era la obviedad que en cualquier momento terminaríamos en un intercambio de vidas, donde juraríamos un juego de roles cambiados y con beneficios compartidos. Cada uno de nosotros obtendría lo faltante. Para mí, los placeres carentes, para él, la paz tan lejana a su agitada existencia. Ambos obtendríamos lo mejor de cada mundo, y en ambos, la plenitud. Teniendo cada cosa que queríamos, en el momento deseado, y cada freno a disposición también. Acción y relax. Día a día, intercambiábamos trajes, y día a día, se tornaba más difícil para mí, regresar de este viaje. A veces tardaba más de lo acordado, pero no parecía importarle demasiado. También de a poco, las cosas comenzaron a verse mucho mejor en mi casa. Natalie, brillaba, se la veía feliz y se distinguía que la rutina ya no afectaba tanto. También el cambio con los niños era evidente, el aumento en la comunicación era notable y las manifestaciones de cariño a mi arribo del trabajo eran el síntoma de la mejoría. Todo iba cada vez mejor en ambas caras del vidrio. Era el sueño cumplido. La perfección. Lo mejor de ambos mundos a disposición y plenitud total. Tengo y tiene, mujeres y a Natalie. A necesidad, el cambio de rol. El vivir a full, y la paz de hogar. Los lujos de la opulencia y estabilidad emocional que da la tranquilidad de no estar todo el día corriendo detrás del lucro para mantenerlos. Todo iba cada vez mejor. El día de hoy ha sido largo y cansado. Luego de retirarme de la empresa, tome unos tragos junto a clientes nuevos de una importante empresa de exportaciones. La espectacular secretaria invita con la mirada a continuar lejos del bullicio, pero a decir verdad hoy estoy demasiado cansado. Basta por hoy. Solo quiero volver rápidamente y cruzar portal hacia la paz. Ansiosamente recorro la distancia hacia el pent-house, dejo las ropas y me siento esperando frente al espejo que él llegue a cambiar los roles nuevamente. Las horas pasan sin que de muestras de llegar. Solo veo mi reflejo cada vez con más síntomas de un acentuado cansancio. No recuerdo cuando mis ojos vencidos se cierran en la espera. Otro día más de espera. Otro de los ya muchos. Mi reflejo ya no es tan pleno, ni relajado. Ojeras profundas y una barba prominente, es todo lo que devuelve. Cada tanto llevo las manos hacia él, tocándolo ansioso y a la espera que este vuelva a abrirse a la otra dimensión, pero solo encuentro la impenetrabilidad de la materia como respuesta. Cada tanto arranco gritos y llantos, exigiendo la inmediata devolución de mi vida. La del otro lado. Quiero devuelta mi rutina. Mi familia. La mujer que amo. Por favor, lo quiero de vuelta conmigo. Día a día voy perdiendo todo. Día a día, aun la cordura. Día a día, todo se va poniendo más difuso y lejano. Ya es de noche. A paso cansino, y apenas arrastrando los pies, recorro los pasillos desde el cuarto a la sala de estar, donde paso los días. Me acurruco dentro de la bata de toalla, manchada de vómitos y babas. Apenas escapo a la guardia de enfermeras. Siempre están preocupadas por mantenerme en la cama a costa de pequeñas grageas. A falta de espejos, me siento en la mecedora, frente a la ventana, que gracias a la oscuridad de la noche logra devolverme mi reflejo desmejorado. Y espero en silencio. Una y otra noche, espero.No sé de qué lado del reflejo estoy, pero espero.

SINFONÍA EN ABSTRACTO

La tenue brisa llegaba con aromas naturales. Los pequeños promontorios de macizos se perdían en el horizonte, confundiéndose con la oscuridad de los nubarrones aserrados y daban una imagen fantasmal a, el ya, desahuciado día.Sentado a babuchas del barandal de la cabaña, meditabundo y sumergido en pensamientos para nada profundos, dejaba pasar los tiempos que quedaban hasta el inevitable fallecimiento diario y el eterno natalicio estelar. El molesto timbre del celular, destroza las importantes conclusiones que a duras penas lograba sacar sobre la levedad del ser, la curvatura del espacio-tiempo y la cantidad de minutos necesarios para cocer un huevo poché. ¿Quién osaría detener la trascendencia de tamaños pensamientos?...era lo que mascullaba entre dientes, mientras me recuperaba del porrazo que torpe recibí al perder el equilibrio y caer de la baranda; y me dirigía a atender.Una voz ronca contesta a la inquisición de mí__ “¿quieeeeén eeeees???”, con una no menos inquisidora respuesta:__ “ ¡soy yo, pedazo de alcornoque!, la única persona en este mundo que sabe de tu existencia desde hace 20 años!!”, y hurgando en mi memoria con un supremo esfuerzo, relaciono la voz con el que creo es un hermano. El único que tuve y tengo, a decir verdad.Sin protocolos, ni salutaciones previas, me informa que el motivo de su llamado es hacerme saber que en sus manos tiene a mi disposición una rara carta, sin remitentes, ni sellos, que sirvan para identificar al emisor y con mi nombre como destinatario.__“¿¿La quieres, o le doy un uso más práctico???, como usarla para emparejar la pata de alguna mesa poniéndola debajo, ¡por ejemplo!!!”__, me pregunta haciendo gala de una forma muy mediocre de sarcasmo.__ ¡Si podes vencer la artrosis mental que te aqueja, podrías hacer el bien de acercarla!!!__, le contesto en una respuesta no más elaborada que su pregunta.__ ¡En cuanto aprenda a volar el helicóptero que jamás voy a comprarme, la llevo…, salvo que entrene presto una paloma para mensajería…, eremita desaprensivo!!!__, retruca, llevando ya el coloquio a un nivel solo digno de dos neonatos.Debería haberle dicho que lo destruyera, y de hecho, se lo habría ordenado si el remitente hubiese estado a la vista. Fuese quien fuese.Es verdad, hace ya más de veinte años, opte en libre albedrio, por retirarme de la sociedad, ya cansado de la tontería extrema, la frivolidad, el avasallamiento que la sociedad de consumo genera sobre las libertades individuales, y el precio de las verduras, que cosecho en mi quinta más frescas, económicas y sin conservantes, ni pesticidas. ¡He dicho, que carajo!!!Pero, bueno…, finalmente primó la curiosidad, y maldita sea.__ ¡Bueno, envíala por favor, junto a la próxima encomienda que despaches, si no te hernias, por supuesto!!!__ ¡Listo!!, ¡en cuanto termine de armar la bomba caza bobos que explorará cuando abras el paquete, la envío!!Despido entonces a mi hermano, haciéndole acordar la callejera y nocturna profesión de nuestra madre, como también los genitales de una hermana que jamás tuvimos pero siempre traemos a colación. Da gusto ver el buen trato que nos dispensamos. Un dechado de buenos modales adquiridos en la “High School “ suburbana, de la más alta calaña. Igual, no reniego de ello, sino todo lo contrario, agradezco. Agradezco el haber sido criado en ambos lados del espectro social. Sirvió para aprender. Para entender cómo se digitan y adoctrinan subterráneamente a las clases. Como se las enfrenta, inculcando subliminalmente las grandes diferencias culturales y de necesidad.La curiosidad transformada en impaciencia, no dura demasiado. La importancia de los devaneos que deje incompletos, centran nuevamente en ellos mis atenciones más urgentes.Elegí una buena vida. Soy orgulloso de ello.Estoy en el sitio que siempre quise estar, viviendo de la forma que siempre anhelé, y estando lo más cercano posible a la felicidad.Y hablo de felicidad, no de diversión. Cosa que las gentes en los avances de los tiempos, y las ventas de las imágenes que venden los medios de comunicación, cada vez más confunden. La felicidad como un estado de sublimación. La mescla heterogénea de vivencias, de conflictos y, el estar bien con uno mismo y sus acciones. La felicidad, como un conjunto complejo de venturas y desventuras, que dan la resultante de ganancias en experiencias. Cosas buenas, cosas no tan buenas, pero la vida bien vivida, en definitiva. Bien vivida, es mucho más que solo ser. Que solo existir. Es pasar por la vida siendo uno mismo, aun a costa de soledades. Aun desde los fracasos, porque desde el fracaso se aprendió que es el miedo, el temer ser uno mismo, el único y verdadero fracaso.Cuando levanto la vista al poniente y veo las cumbres irregulares y de puntas blanquecinas, sé que soy feliz. Cuando no siento arrepentimientos, y entiendo que no deje deudas en mi paso, soy feliz. Cuando en los recuerdos aparecen las caras de los queridos, que ya no están, pero si dentro de mí, soy feliz. Soy feliz desde el día que no quise dejarme convencer que la diversión es el todo. Que el tener cosas materiales en cantidad, es divertido. Que mirar para otro lado a los males de la humanidad, negar todo escondiéndome tras el pasatismo y los vicios, es ser “divertido”. Es necesario para ser feliz. Me negué a ser un “boludo alegre”, amante de las tetas y culos, y no de las personas. De convertir objetos en cultos. Personajes livianos desde micrófonos, luces y parlantes, en ideólogos generacionales de las formas del ser. A que se tilde de valiente a quienes se escudan en los poderes o las enfermedades. A que la neo transgresión sea transar. A dejar que me vendan sus espejitos de colores a cambio de la integridad de mi alma. A cambio de mi humanidad.Nunca estuve de acuerdo que nadie es en sí mismo una isla. Estoy más que seguro que se puede. Los que hicieron historia lo fueron. Fueron islas. Pero, también estoy seguro que ya nadie será capaz de hacer historia. Y no es pesimismo, es pensamiento lógico y desde las pruebas recogidas en los años. Los tantos que llevo observando desde la pacifica felicidad, los avatares de esta nueva global sociedad, masificada y sodomizada gracias a su inconsciente ignorancia de los verdaderos hechos. Que tampoco, por cierto, le interesa tanto ni conocerlos, ni dejar de ser abusada íntimamente y sin consentimiento. Una sociedad sadomasoquista, y caníbal. Que se come a sus propios vástagos, nutriéndose desde envidias y egoísmos.Que llama “perdedores” a los que por diferentes quedan fuera del ideal del sistema. A los que se ríen a costa de ellos y luego no pueden estar solos con sí mismos de la vergüenza de ser solo “un bloque más en la pared”, a sabiendas miserables.Porque la verdadera soledad es la de las masificaciones, y la consecuente despersonalización. Nunca se está solo, cuando uno es su propio dueño, dueño desde el auto respeto y libertad de criterios.Y creo que flagelarse o mutilarse, es una traición a uno mismo y la causa. Porque nadie que pelea por algo, favorece al oponente, debilitándose. Ningún soldado se mimetizaría con el enemigo y terminaría compartiendo sus métodos a la espera que la guerra fuese ganada por generación espontanea.Y porque del quejoso mediocre, que por miedos y complejos, convive con el Establishment, reptando en sus deposiciones, me cansé. Es entonces que decidí dejar los lugares habitados y pelear desde la honestidad de la naturaleza que nada esconde. Alejado de las lastimas que me generaban los seres queridos, ahora ya definitivamente absorbidos por la masa. Esgrimiendo como la única arma que aprendí a manejar, las letras, a la espera que alguien alguna vez, entienda y responda en mi idioma.Esperando cada uno y todos, los días de mi vida, alguien que busque también en mi lugar, su lugar.Alguien deberá de responder en algún momento. Alguien lo hará.Dudo, pero deseo y espero.El día esta feneciendo cuando a duras penas distingo desde los vidrios rayados de mis anteojos, el vehículo que estaciona en las tranqueras de entrada, y deposita la caja envuelta en papeles decorados de dudoso gusto.Mi hermano, y su generosidad semestral. Tabaco de pipa suficiente, algunos libros que pedí oportunamente y vituallas variadas. Unas fotos de familia, donde se muestran las alturas logradas por los componentes más pequeños del clan, en elocuente demostración que pronto dejarán de serlo. Y entre ellas un sobre. Ya casi me había olvidado.Un sobre sin remitente y mi nombre en su frente como destinatario.El sobre de una carta…

viernes, 17 de octubre de 2008

El Don

No soy justamente un ser carismático.
Mas cercano a ratón de biblioteca, que a héroe de películas de acción.
Sin embargo, eso de pasar desapercibido para la gente, no ha hecho de mi un sumiso pusilánime, ni un ser cargado de complejos. Por contrario, obligó el desarrolló de un gran poder de observación y análisis.
Casi un don.
Este “don” me permite descubrir miserias, venturas y penas de las personas, instintivamente. Lo que la gente esconde detrás de la fachada. Las vilezas, sueños y perversiones, todo se manifiesta como una revelación ante mí. Solo al enfocar.
Solo observándolos moverse, sus tics, miradas, son datos que decodifico automáticamente.
Pero, también he aprendido que, como todos los dones, exige una gran responsabilidad a la hora de usarlo.
Solo tomo ventaja de ello en casos extremos.

El tren subterráneo esta bastante más concurrido de lo habitual.
Amparado en una presencia transparente, juego el juego que mas me gusta, diría un gran catalán, como forma de hacer entretenido el pesado viaje hasta el trabajo. Desnudo almas.
Identifico una persona cualquiera al azar, y hago una radiografía de su vida y pesares. Pero sin pasión, ni penas. Sin juzgar, solo indago y arribo a esa conclusión... Y creanme, en el correr del tiempo y los ejemplos, jamás me he equivocado.
Obviamente en un subte, no están los casos más brutales, pero alcanza para llenar el espacio hasta el destino.
Ese dia, uno en particular llamo mi atención.
Y no era para menos. Casi mi Némesis.
Sin proponérselo, el hombre llamaba todas las miradas por estampa. El atuendo no era demasiado importante, pero los ángulos rectos de su cuerpo le daban un porte que difícilmente no seria notado.
Parado junto a la puerta, la mirada sin ver, y un gesto pétreo. Parecía ausente, ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Ningún mohín que pudiera permitirme interpretar formas y pensares, ninguna señal a la vista. Nada prepotente en sus ropas y accesorios.
Ni los movimientos vaivén del carro, afectaban su equilibrio.
Primera vez en mi vida que siento la sensación de desnudez que se produce, cuando todo lo aprendido parece no servir. Ya la curiosidad, se transforma paulatinamente en desafió.
El escudo en el blazer, identifica una universidad conocida, especializada en ciencias humanísticas, y el atache, que no es un alumno, sino un profesor o directivo.
Por la forma de pararse, seguramente profesor. Un directivo, se sentiría muy incomodo estando de pie y el desprecio seria elocuente en las miradas.
Jamás esquivo un buen desafió, y es por eso que con una excusa banal me acerco entablando una breve conversación y buscando de encontrar algún indicio extra para mi “investigación”.
Una voz amable contrasta con un gesto casi desinteresado, pero, sin dobles interpretaciones, ni menosprecio alguno. Y es mas extraño aun.
Buena dicción y formas. Cambiamos pocas palabras por cortos minutos.
Un leve moviendo de cabeza a modo de despedida y luego desciende al anden con paso pausado, pero seguro.
Varios días de viajes coincidiendo en el vagón, hacen ya casi cotidianos los saludos y poco a poco, decanta en una rara forma de comunicación. De trato coloquial, sin subestimación, ni prepotencia alguna.
Con el paso del tiempo la confianza gana terreno sobre el anonimato de una manera natural, aunque jamás logre perforar la brutal coraza con la que envolvía sus aspectos de personalidad escondidos en su interior.
Profundas charlas sobre variados temas se mantenían, dia tras dia, ricas en conocimientos y análisis, pero jamás dato alguno de índole personal. Nada que pudiese orientarme sobre alegrías o penas.
Absolutamente nada.
De pronto y sin preaviso, ya no volví a verlo. Sin comentarios, ni de cambios de horarios, trabajo o de forma de movilizarse. Solo desapareció.
El gesto resulto mas extraño que descortés. No debía explicaciones, ni tendría porque darlas, pero las buenas migas que habíamos entablado y considerando modales, hubiesen justificado una mínima despedida.
Sin más datos personales que el escudo de su blazer, pensé en tratar de ubicarlo en esa Universidad, pero sucumbí finalmente a la timidez y la pasividad. Paulatinamente fui volviendo a mis viejos juegos de investigación, ya no tan divertidos, como antes de las buenas charlas.
Han pasado varios meses, y la rutina diaria ha terminado con mi curiosidad.
Es un día como cualquiera, tedioso y pleno de hastío. Por suerte el vagón menos concurrido que de costumbre.
Desde el desinteresado pasaje, una figura inquieta se destaca. Nerviosa indaga persona por persona, cara por cara. Recorre comparando datos adquiridos, como forma de ubicar algo que desconoce.
En un instante recala y fija su atención en mi, no tan agraciada, figura.
Un mujer con gestos obviamente preocupados, raudamente acorta distancias y me habla..
___ ¡Usted debe ser! ¡Necesito hablarle por favor, es urgente!
Rápidamente explica el porque de su búsqueda.
La instantánea reacción es bajar del tren y acompañar su destino.
La habitación del buen hospital, es luminosa y calida.
En el camastro la importante figura del hombre contrasta con los tubos y sondas, que pueblan su cuerpo.
Detrás de la mascara de aire que fuerza la respiración, el gesto simula a una sonrisa y acompañado de un sutil brillo en los ojos, basta para entender que me ha reconocido, además que le es grata mi presencia.
Durante un par de días, acompañé en silencio la convalecencia hasta que dejó de respirar casi con el mismo garbo con el que había nacido naturalmente.
En el mismo preciso instante de su deceso, un impacto me saca de conciencia y ya no recuerdo mas nada.
Ahora, soy yo el que abre los ojos dentro de la habitación del mismo hospital, mientras lentamente recupero la conciencia.
Junto a mí, la mujer, con rictus preocupado, comienza a relajarse y ensaya una leve sonrisa.
No da respuestas, como tampoco las dio al contactarme, o al tratar de saber cual era la razón por la cual se pidió mi presencia. El porque de la importancia de que estuviese tan cerca de ese, casi desconocido hombre, en los instantes previos a su muerte.
Solo desde su cartera, extrae un sobre y lo deja en mis manos.
Apesadumbrada, un mínimo adiós, y se marcha.

En el patio arbolado, los piares suenan de fondo, casi como una cortina musical de alguna película de Hitchcok. Mi tristeza le pone el toque de melodrama total a la escena.
Una y otra vez releo los gráficos de las hojas amarillentas. En cada oportunidad, es más grande mi sorpresa, en paralelo a lo que voy entendiendo.
Un acta con una fecha conocida, denuncia el nacimiento de gemelos.
Otra la defunción de la madre en el mismo momento del parto.
Una constatación de la entrega de ambos bebes a un orfanato, y un par más que certifican las adopciones por separado.
Reconozco los nombres de los adoptantes en una de ellas.
Un cuaderno con memorias, donde este hombre, explica entre tantas cosas de su vida, el sufrimiento y la incapacidad de ser feliz a partir de jamás poder evaluar a persona alguna y ser capaz de descubrir fehacientemente intenciones.
El no poder interpretar jamás afectos y amores.
El sentir atenciones frías, todo el tiempo y jamás estar seguro de nada, ni de nadie. Y el porque de la decisión final de terminar con la imagen, “su imagen”, a costa de su propia vida.
Y entiendo. Finalmente entiendo.
Ya no juego esos “juegos” y no volveré a hacerlo jamás.
No continuaré hurgando vidas y miserias.
No me vestiré de juez y jurado. Ya no más.
Tal ves, ya sea hora de cambiar el trabajo, el vestir y hasta un nuevo corte de cabello.
De comenzar a buscar en mi y para mi. Y de encontrar. De ser feliz, como sea.
De enterrar, por fin y definitivamente....el don.

EL UMBRAL

Parecía un día como cualquier otro. El sol comenzaba a mostrar sus primeras luces y sobre el valle destapaba los verdes quitando lentamente la manta oscura de sombras nocturnas. Abro lentamente los ojos, y de la misma manera cansina me dispongo a saltar de la cama. Minutos más, minutos menos, ¿a quién le importa?, el día completo es mío y puedo hacer lo que quiera con él. Para eso deje el desquicio de la ciudad, ser dueño y señor de mi tiempo, y no un rehén más.
Camino desnudo y sin inhibiciones hacia el baño, una ducha me sacara del letargo, aunque no creo que logre ayudar demasiado con la resaca matinal, ya hecha costumbre en mí, luego que optara por cenar día tras día, una buena botella de Vat69. Bah!!, cenar, desayunar, almorzar, etc..,
Me detengo frente al espejo, y este me devuelve una imagen patética de mi mismo, ya no soy lo que se dice un dechado de virtudes, como alguna vez me obligue a ser. Todos pusieron sus expectativas en mi, demasiada presión desde chico, demasiada mochila para llevar a cuestas. Los ojos del mundo escudriñándome todo el tiempo, tratando de hacer de mínimas dotes máximos rendimientos, perfección de lo perfectible. Obviamente terminaría explotando. Historia antigua, esos años ya quedaron perdidos en los anaqueles de Academias, Clubes y familia, ya está en el olvido. Pero una risotada estalla en el mismo instante del fugaz recuerdo y torna aun más ridícula la figura ante el reflejo de la escena.
Vuelvo a equivocarme, la ducha no logra despejar el compendio de confusas imágenes y mínimas ideas que hay en mi cabeza. También esto es ya algo normal y recurrente, estoy acostumbrado.
Desde un rincón del botiquín, la máquina de afeitar me mira casi con tristeza y desde el olvido. Pero será otro día mas sin su uso, como de costumbre estaría más cerca de atinarle a la yugular que a los incipientes bellos de mi cara. Un café negro, tal vez podría despejarme, de no ser porque es casi en su totalidad los restos del whisky sobrante de la pasada noche, me invade una súbita ira, ¿cómo logro escaparse? Seguramente fue ayudado por los duendes y demonios que toman por asalto mi casa por las noches y luego del primer par de vasos ingeridos cuando tomo la máquina para disponerme a escribir. Ja!, escribir...., ¿escribir qué?, en años apenas si puedo balbucear ruidos guturales semejantes a palabras y alguna que otra onomatopeya, como forma de hacerle creer a mi cabeza que todavía estamos vivos y no somos un fantasma en pena en espera de la anhelada ascensión a Las Pléyades. Ja!!..., escribir!!!. Ya es solo una excusa para llenar vaso tras vaso. Un par de tragos previos lograran que la inspiración me use y abuse, convirtiéndome en una aceitada maquinaria literaria, capaz de crear la novela perfecta, el cuento infinito, o una idea revolucionaria después de la cual nada volverá a ser igual para el mundo y zonas de influencias planetarias. Y como es lógico, luego del primero, bailo vals toda la noche con un ser mezcla de azul y púrpura, mutación entre avestruz, canguro y oso hormiguero, pero..., joder que baila bien el engendro y es mejor compañía que yo mismo. Hurgo entre los restos que habitan desde hace ya tiempo algo que alguna vez fue parecido a una mesa, y solo encuentro un deforme mendrugo de algo, que, a juzgar por el sabor, deduzco que el color verde no se debe a aditivo, ni colorante alguno, pero, a esta altura sabe a diablos y ebulliciona en mi interior luego de amalgamarse con lo que por cierto, tampoco tiene un sabor demasiado que digamos parecido a café. La resolana invade la cabaña sin permisos, ni presentación previa, y desnuda aun más la dejadez. Es irónico ver en lo que este dechado de pasadas virtudes se ha convertido, aunque tiene su parte buena, ni pizca de stress ha quedado de aquellos tiempos. Tampoco de limpieza, para ser sinceros. A lo lejos comienzo a escuchar los aullidos lastimeros de dos perros flacos que acompañan mi abandono, vaya a saber porque puta razón. He tratado inútilmente de razonar con ellos y explicarles que su fidelidad podría ser mejor atendida en otras huestes, pero es en vano. Solo me miran con ojos de ternura, más preocupados por mi interés que por evitar ser devorados por más pulgas que pelambrera. No hago demasiado caso a sus llantos, supongo y como es normal, será la ya habitual visita del cartero con las consabidas quejas de mi editor literario, preocupado por el constante vaciamiento de sus arcas a partir de mis nocturnas orgías de alcohol y engendros, y la no producción de escritos comercializables. Oteo a través de la ventana, pero nada distingo. ¿Qué será lo que hace que esas dos bolsas de piel y huesos aúllen de esa manera? Algún día de estos tendré que ponerme firme con ellos y hacerles entender que en este mundo ya nadie llora. Ahora te psicoanalizas y canalizas los lamentos en After Office, o como se escriba. Es nada lógico que no sean dos exponentes tipo, de la masificación propuesta por la sociedad de consumo, como Dios y el sagrado Establishment manda, que coño!! Acabo de caer en cuentas que no siento cansancio, ni malestar alguno. Por fin, yo sabía que eso de la vida sana era un verso y que hectolitros de buen alcohol, y mendrugos untados en moho, tarde o temprano me convertirían en un ser indestructible. Si mi pasado no logro hacerlo, nada de mi presente lo hará, definitivamente. No tengo ganas de recordar, es casi como volver a vivir todo nuevamente. Los malos recuerdos siguen lastimando y los buenos, aun mas. Pero, ¿cómo evitar recordar?, siempre vuelven a mí y sin llamarlos. Una y otra vez, reiterativos y sádicos, y lamentablemente no tengo botón de STOP, ni cables que desconectar. Debí hacerle caso a mi medico y la propuesta de un by pass. Lo hubiese condicionado a un interruptor para poder apagarlo a voluntad y cuando las sombras del pasado invaden, zazz!!!, apago y a otra cosa. En el momento, me causo mucha gracia, yo, justamente yo un implante. Un, desde chico, brillante deportista de cuanta competencia exigiese habilidad y rendimiento. Mi madre lucia orgullosa aparadores enteros con copas y trofeos, medallas y alguna que otra radiografía de huesos rotos en la justa. Eran más suyos que míos, por cierto. Al igual que títulos, diplomas y licenciaturas varias, inútiles de usos y que solo sirvieron para tapar los incipientes agujeros en las paredes de la casona natal, descuidada de arreglos y venida a menos. De tantas cosas que he hecho, no hice nada. De tantos logros y títulos, ni puedo encontrarle uno a la obra postergada que reclama el editor. Fui el orgullo, pero de cariños no me acuerdo.
Ah, sí..., recuerdo uno fiel, la perra familiar. A ella jamás le importo demasiado si llegaba a ser alguien “importante”, como marcaba mi destino. Solo le importaba verme llegar y escapar hacia mi cama esperando que me recostara para meterse a los pies y solo salir luego de levantarme. Murió ya de muy vieja, pobrecita, pero espero hasta el día de mi fuga. Hasta en eso fue justa y fiel. No permitió siquiera que me rozara la tristeza de verla muerta.
Ojalá hubiese habido en mi vida, más que sea, una mujer así. No tuve esa suerte. Mujeres, muchas, amores, ni sé lo que es eso. No!!, no debo ser desagradecido, me han amado y hasta creo que mucho, pero justamente a las que no supe amar. Siempre estuve un poco perdido en lo que al amor respecta. Parodiando a Groucho Marx, “jamás podría amar a quien se enamorara de un tipo como yo”, y luego de quien quise solo recuerdo dolor, y ya lo dije, de lo bueno y de lo malo, en el recuerdo todo duele. Aun trato de entender si valió la pena. Supongo que sí, desde el vamos parece más sano que por lo menos hallan pasado cosas a la nada, el vació de sentires. Pero sigo sin entender demasiado los mecanismos y seguramente a eso se debe haber pasado toda mi vida experimentando, buscando perfecciones en relaciones que por simple lógica y por humanidad, no pueden serlo. Y allá iba con mis equivocaciones. Traté de ser admirado como forma de ser querido, y lograba ser admirado y querido, pero amado es otra cosa. Me puse trajes y encontraba vestidos. Trepé escalas sociales y solo encontraba pesos muertos. Apelé al romanticismo y solo vieron debilidades en el acto. Y esos dos malditos, siguen aullando.... Alguna vez leí que para el amor en la vida, la verdadera inteligencia consistía en hacerse el tonto, viviendo en un mar de tonteras. Copio y se me hace carne. Nada más exacto, nada más inocentemente mejor descripto, pero si hay algo en mi vida, en lo que jamás fui bueno, es en fingir. Y me volví un solitario a fuerza de honestidades brutales. Un rebelde de la rebeldía, paladín de la justicia y la verdad, en un mundo donde las verdades suelen ser más evitadas que las realidades mismas. Y, heme aquí, tratando de encontrar la inspiración pérdida en la sabiduría no adquirida, de escribir historias que nada van a modificar.
Qué manía!!!, ¿por qué sigo creyendo que nací para cambiar las cosas?, ¿por qué creo poder mejorar lo que está mal, y es mejor que así sea? Es mejor que todo así se quede. Debe de tener un porque, o no, en definitiva este proto humano, despeinado y olvidado para el mundo, no tiene la imagen para dar a conocer las soluciones. Es mucha la sorpresa el ver que ya ha anochecido, y también que terminé la segunda botella del día. No siento efectos, y ya comienzo a preocuparme. Lo único que me falta es quedarme también sin poder disfrutar de la compañía de mi engendro azul violáceo.
Y ese par que insiste con sus lloriqueos, ya es hora que les dé una constitudinaria reprimenda. Me acerco a la puerta y avanzan dentro de la casa sin notar mi presencia. Los muy famélicos, ya ni me ven de la hambruna. Están muy equivocados si piensan que encontraran mejor suerte en lo que en épocas mejores, se asemejaba a un dormitorio. Se los permito. Por suerte mermaron los aullidos convirtiéndose en apenas quejidos lastimeros. Han de haberse dado por vencidos. La curiosidad de la mano de una profunda lástima me obliga a acercarme al portal, y desde allí descubro una escena que, más que inquietarme, es tranquilizadora y entiendo por fin.
Echados a los pies del camastro rodean mi cuerpo inerte, y es una buena imagen. Qué más quiere uno en la vida, que esta se te escape estando rodeado de la más sincera de las fidelidades. Y caigo en cuentas de que es bueno. Ya no será necesario apurar entrega de escrito, ni emitir ruido alguno.
¿Dónde diantre deje la botella?, ya es hora del baile y está por llegar el invitado.

LOS JUEGOS DE LAURA

Juguemos a ser reyes...., me decía Laurita, con esa sonrisa llena de dientes y gomitas, para controlar una pequeña imperfección que tenía en el nacimiento de su lengua, o algo por el estilo. 
Y les cuento que era la única cosa “imperfecta” en ella...., porque el resto, si no era lo que se llama perfecto..., lo disimulaba muy bien. 
Menos mal, para mí por supuesto....., que aun éramos niños, porque luego de la pubertad...., nadie en su sano juicio hubiese podido evitar sucumbir a tal dechado de virtudes femeninas.
 ____dale ..., juguemos¡¡, vivimos en el castillo de la tía Chela y vos sos un caballero cruzado, avezado en justas de lanzas y espadas. 
Yo soy la princesa aburrida, caprichosa y consentida, que vive en una “nube de pedos” ....y chau!! 
Al diablo toda la fantasía que creaba en mi cabecita mientras la miraba embobado acomodarse el vestido y flotar con una gracia digna de algo mas divino. que humano. 

Tenía esa mezcla única de hada mágica nívea y volátil..., con marimacho brutal...., capaz de ahuyentar al más osado de los ogros malos. 
Pero, cualquier acto vulgar...., podría en ella quedar como una maravillosa excentricidad y acto siguiente....., en derredor estallarían las risas, y la consecuencia sería siempre aprobación generalizada. 
Todo en ella era único y perdonado. 

De más esta aceptar que estaba enamorado hasta el caracú...., si es que en el caracú están las hormonas, que producen las cataratas de testosterona que me dejaban ahogado y patitieso...., ante ella y su fantástica locura. 
Inocente y maquiavélica...., el ángel y el diablo, en su punto justo, y yo...., una maza gelatinosa en sus manos. 

Crecimos….., y por suerte para mí....,un día se fue y ya no volví a verla. 
Su familia se mudo...., esperaba que al Polo Norte...., porque preferí no saber más de ella a cuentas de que podría haber llegado a declarar la guerra...., a quien y donde sea...., solo por enterarme que osaron mirarla sin la necesaria y prudente, pureza. 
Y vale entender que en verdad hubiese sido un adversario peligroso..., debido a mis ya vastos conocimientos en el uso de lanzas y espadas para esos tiempos. 

Al irse...., nació en mi una cualidad única...., extraña...., algo parecido a un estado crónico de melancolía y el alivio de no tener que sufrir viéndola crecer,....y desarrollarse. 
Pero también fue mi karma....., nadie era ni..., cercanamente comparable a ella y su natural impronta. 
Su fantasma...., ahuyentaba a cuanta mujer intentara acercarse..., con más intenciones que pedirme la hora. 
Sin querer, me convertí por ello, en la figurita difícil. El trofeo para colgar de la pared de cuanta dama con...., o sin compañía, habitaba cerca. 
Vaya a saber por qué extraño conjuro..., las mujeres hacen blanco en justamente el hombre que no ocupa su atención en ellas. 
Será que están tan acostumbradas a los halagos fáciles de los babosos mediocres...., que su ego las molesta cuando no tienen los efluvios de un exponente de la rama masculina de la especie. 

Que sé yo.....¡¡ y a esta altura no voy a comenzar a hacerme el erudito en materias femeninas. 
A duras penas me entiendo a mí mismo y las causas de porque nada puedo hacer por olvidarla. 
Siempre está presente, aun sin acordarme de su pasada existencia en mi vida. 
Casi como un icono malévolo, vanidoso y vengativo...., negando la posibilidad de existencia...., sin mi idolatría a su entera disposición. 

Los años pasaron en una infructuosa búsqueda y escape. Tratando de encontrar algo...., algo que en realidad no quería. 
Constante desafió y cobardía...., de la peor clase. 
Un juego perverso y masoquista, donde solo un insano como yo...., podría mantener la cordura. 

Un Abril perlado, de monocromas similares a los tonos adquiridos por mi cabello al pasar de los tiempos..., me cuentan que su madre está de regreso en el barrio, luego del fallecimiento de su esposo. 

Tuve que ir a verla..., tenía que saber..., necesitaba la confirmación de su paradero y felicidad plena..., como forma de por fin poder librarme de esta ancla que llevo a cuestas desde hace tanto tiempo. Imaginaba su presente bondadoso y agraciado de suertes. 
Caritas con sus ojos y sonrisa, a pura bulla, colgándose de sus faldas y recreando nuestros juegos. 
Y hasta hacia un terrible esfuerzo por evitar imaginarlas...., parecidas a la mía. 
Deseo que auto reprimo..., así como las ansias o transformaré en obviedad mis intenciones...., tal su estigma en el transcurso de mi vida. 

Una viejecilla desorientada y de ojos cansados..., me atiende haciendo un supremo esfuerzo por recordarme. 
Y más, por momentánea compañía que por nostalgias y recuerdos comunes, se desvive por atenderme y mantener mi atención. 
Cientos de tazas de té verde y scones con raspaduras de chocolate, me obligan a ceder a su amabilidad. 
Trato de hacer un largo rodeo para llegar a preguntar lo único que realmente me interesa...., pero la anciana de tanta ternura manifiesta, maneja sin querer..., los hilos de la conversación a su antojo. 
Como era de prever..., recurre al viejo álbum de fotos de familia y me interesa al instante verlo. 
Estarán allí las imágenes de su adolescencia y adultez seguramente...., los registros de eventos familiares, como cumpleaños, egresos y tal vez..., compromisos y casamientos. 
Hago un control supremo intentando dominar la impaciencia...., mientras permito que lleve la batuta de las muestras y relatos. .....esta soy yo a los 20, de la mano de mi fallecido esposo, ....este es mi primo Zacarías a bordo de un tractor en nuestro viejo campo,...esta es la cabaña de veraneo en Las Sierras, .........,y este es mi corazón a punto de estallar si no vamos a lo que me interesa en este instante. 

De pronto se le iluminan los cansados ojitos a vistas de una hermosa bebe dentro de una cunita llena de pequeños juguetes antiguos de maderas labradas con esmero y artesanía......, y me dice con una vocecilla tenue y entrecortada...., esta es Laurita...., mi bebe...., la única que Dios me permitió tener..., pero que de tan maravillosa no pudo esperar tener junto a él y se la llevo antes de que pudiese cumplir el segundo año de vida. 
Estaban escasos de angelitos, para esas épocas.
..............Y permanecí impávido escuchando sus relatos durante horas y horas y horas...... 

Camino a pausas y torpemente....., ya no quiero pensar, ni encontrar respuestas....., respuestas a qué??....., si ya no existen más las preguntas. 
Ya no voy a cuestionar......,solo sé que estuvo allí, conmigo....., y allí se quedara. 
Que me acompaño desde siempre y para siempre. Y que en algún lado, alguna vez voy a encontrarla. 
En este....., o en otro mundo....., en este o en otro tiempo. 


En todo caso, sería a esta altura conveniente para mí, solo creer, solo sentir,….solo soñar,…… que es este uno más,… quizás el mejor,…. y el más real de todos, .... los juegos de Laura. 
Para Laury.